“Lanzar” una amenaza o “representar de hecho” una amenaza

Son muchas las razones por las que algunos individuos amenazan a los defensores de los derechos humanos, y sólo algunos tienen la intención o capacidad de llevar a cabo una acción violenta. Sin embargo, algunos individuos pueden suponer una seria amenaza sin ni tan siquiera llegar a articularla. Esta distinción entre lanzar y representar de hecho una amenaza es importante:

  • Algunas de las personas que lanzan una amenaza representan de hecho al final una amenaza;
  • Muchas de las personas que lanzan amenazas no representan una amenaza;
  • Algunas personas que nunca lanzan amenazas sí representan de hecho una amenaza.

Una amenaza solo será creíble si la persona que la lanza tiene la capacidad de actuar contra ti - la amenazadebe mostrar un mínimo nivel de fuerza o poseer un elemento amenazador pensado para provocar el miedo.

La persona que se esconde detrás de una amenaza puede demostrar su capacidad de actuación muy fácilmente, colocando por ejemplo una amenaza escrita en el interior de un coche cerrado, aunque lo hayas dejado aparcado tan sólo unos minutos, o llamándote justo en el momento en el que acabas de llegar a casa, haciéndote saber que estás siendo vigilando.

Pueden intentar asustarte añadiendo elementos simbólicos en las amenazas, enviándote por ejemplo una invitación a tu propio funeral o colocando un animal muerto en el portal de tu casa o sobre tu cama.

Muchas amenazas representan una combinación de las características mencionadas. Es importante poder distinguirlas, porque algunas de las personas que envían amenazas fingen disponer de la capacidad de actuación utilizando elementos simbólicos o que causan miedo.

Cualquier persona puede poner una amenaza pero no todas suponen una amenaza.

En fin de cuentas, lo que es necesario es saber si la amenaza se puede llevar a cabo. El enfoque será completamente diferente si llegas a la conclusión razonable de que no es probable, que si sospechas que la amenaza podría ser real.

Por ello los dos objetivos principales a la hora de evaluar una amenaza son:

  • Obtener toda la información posible de la razón y el origen de la amenaza (ambos estarán relacionados con el impacto de tu trabajo);
  • Alcanzar una conclusión racional sobre si la amenaza puede ser llevada a cabo o no.