Tras valorar el riesgo, ¿qué podemos hacer con los resultados?

Una vez valorado el riesgo es necesario prestar atención a los resultados. Como es imposible medir la "cantidad" de riesgo al que uno se enfrenta, es necesario comprender y estimar cuál es el nivel de riesgo existente.

Los diferentes defensores y organizaciones pueden estimar diferentes grados de riesgo. Lo que resulta inaceptable para algunos defensores puede ser aceptable para otros, y lo mismo sucede con diferentes personas dentro de una misma organización. Más que debatir sobre lo que "habría que hacer" o sobre si se puede seguir adelante o no, es importante valorar los diferentes umbrales de riesgo de cada persona: Se trata de encontrar un límite aceptable para todos los miembros del grupo.

Dicho esto, existen diferentes formas de enfrentarse al riesgo:

  • Puedes aceptar el riesgo tal y como está ahora, porque te sientes capacitado para “vivir con él”;
  • Puedes reducir el riesgo, concentrándote en las amenazas, las vulnerabilidades y las capacidades;
  • Puedes compartir el riesgo, emprendiendo acciones conjuntas con otros defensores para que las amenazas dirigidas sólo a un defensor u organización sean menos efectivas;
  • Puedes decidir evitar el riesgo, cambiando o paralizando tus actividades o cambiando el planteamiento de trabajo para reducir las amenazas potenciales;
  • Puedes ignorar el riesgo, mirando hacia otro lado. Ni que decir tiene que ésta no es la mejor opción.

Hay que tener en cuenta que los niveles de riesgo suelen ser diferentes para cada una de las organizaciones e individuos implicados en un caso de derechos humanos, y que los agresores suelen atacar a los puntos más débiles, así que hay que prestar atención a estos diferentes niveles de riesgo y tomar medidas al efecto. Tomemos por ejemplo el caso de un campesino asesinado por sicarios de un terrateniente. Podría haber varias organizaciones e individuos involucrados en el caso, como por ejemplo un grupo de abogados de la capital cercana, un sindicato de campesinos y tres testigos (unos campesinos que viven en un pueblo cercano). Es imprescindible evaluar los diferentes niveles de riesgo de cada uno de estos actores para poder planificar debidamente la seguridad de cada uno de ellos.